22 oct. 2010

Leer transforma radicalmente nuestro cerebro

En la entrada anterior leímos el reportaje donde el entrevistado rescataba la lectura y la escritura, y podemos interpretar la necesidad de volver a estas actividades intelectuales de entre las primeras que desarrolló el ser humano.

Hoy vemos errores de ortografía y mala redacción aún en profesionales que han cursado la Universidad y ya se han recibido. Vemos en alumnos universitarios una caligrafía que más se podría corresponder a alumnos de los primeros grados de la primaria.

Se debe volver a leer, volver a escribir, pero escribir con lápiz, con tinta, con lapicera y en formato papel. En este artículo vemos qué importante es la actividad cerebral de leer. Para leer, justamente todo el artículo, hay que hacer click con el mouse en el título de la nota.


Entre el cerebro de los habitantes de las sociedades ágrafas y nuestro cerebro hay una diferencia abismal.

Si bien compartimos el mismo cerebro que los seres humanos analfabetos de hace 40.000 años, desde que inventamos la lectura hemos empezado a conectar nuestras estructuras cerebrales de formas distintas.

Por ejemplo, los cerebros de nuestros antepasados egipcios y sumerios debieron de ser distintos a los nuestros, como refleja un trabajo pionero de Charles Perfetti y Li-Hai Tan. En él se sugiere que todos los sistemas de escritura usan muchas conexiones estructurales parecidas, pero algunas exclusivas.

Un cerebro conectado para leer los jeroglíficos egipcios o los caracteres chinos activa algunas áreas jamás utilizadas para leer el alfabeto griego o inglés, y viceversa. La variedad de estas adaptaciones es una prueba reciente del potencial innato del cerebro para reorganizarse a fin de realizar nuevas funciones.

El especialista en lenguas clásicas Eric Havelock también sostiene que algunos alfabetos, como el griego, sin duda liberaron una capacidad sin precedentes en el cerebro humano a fin de crear pensamientos novedosos.

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