5 oct. 2012

El mito de la grasa y los libros

Conservadores luchan día a día contra el deterioro de las colecciones y los "agentes patógenos" y de todo tipo y calibre que visiblemente o lejos del alcance de la vista humana pululan en las bibliotecas.

Pegamentos, hilos, celulosa en el papel y otros elementos que componen el libro, son fuente alimenticia para ciertos insectos. La humedad, la entrada de luz solar, el maltrato, los olores, el peligro de incendio,  la no encuadernación, y.... las manos de los lectores atentan contra la conservación.

Es por eso que se utilizan guantes de algodón para tomar los libros de colecciones antiguas y protegerlos con éstos, de la "grasa" de las manos. Pero no tenemos glándulas de secreción sebácea en las manos, y se sabe que los guantes de algodón guardan más grasa que la que se encuentra en las manos, por lo tanto terminan no protegiendo a las obras sino haciendo más daño que el que se desea evitar.

El algodón de los guantes absorbe otras sustancias que pueden encontrarse por ahí, o en las manos de los manipuladores como cremas, lociones, restos de sustancias variadas, polvo y las pasa al libro que se desea proteger. Provoca además sudor en las manos y al final puede resultar contraproducente. Las manos sí producen sudor.


Por eso lo mejor que hay es disfrutar de los libros sin barreras de por medio. La conservación y la preservación son necesarias pero igual que la protección, prevención y mantención de la salud en las personas, los extremos resultan a la larga perjudiciales. 

Para mí un extremo arcaico es impedir a las personas que puedan tomar bebidas (con los cuidados del caso) en algunas bibliotecas, lo cual es un factor que los aleja de ellas... pero es un tema para otro día...

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