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25 oct 2010

La muerte del libro

Verdades a medias
Por Carolina Aguirre. (Tomado del diario La Nación)



Desde hace años que escucho que el cine va a matar el teatro, la televisión a la radio, Internet a los diarios, y ellos, todos juntos, a los libros. Pobres libros, condenados a perecer a manos de la espectacularidad del cine y el poder hipnótico de la caja boba. Sin embargo, si analizamos un poco la dinámica entre el cine (el supuesto asesino) y la literatura (su víctima), al menos a primera vista pareciera que es al revés. El libro les está dando tremenda paliza a todos.

De todas las adaptaciones que se han hecho a partir de un libro original para cine, por ejemplo, lo único que se escucha es que "el libro es mucho mejor". La película es buena, sí, pero el libro es mejor. La serie es horrible: arruinaron el libro. ¿Leíste el libro? Puf, es otra cosa, nada que ver con esa obra. Contra los pronósticos apocalípticos de periodistas y empresarios, salvo alguna excepción, la gente se proclama de forma unánime: el cine rara vez supera a la obra que le dio vida.

Prueba de ello es que hasta el Código Da Vinci -quizás el peor libro de la historia- es mejor que la película. Era casi imposible que la obra de Dan Brown fuera mejor que algo, y sin embargo, que exista ese film malogrado y torpe es la prueba de la supremacía del deforme manuscrito del autor.

Yo quisiera saber, entonces, en dónde están estas famosas películas que van a matar a los libros ¿Cuándo vienen con el puñal en la mano? Porque el El pasado de Héctor Babenco vino, se fue, y no le dejó ni una cicatriz a El pasado de Alan Pauls. Está ahí intacto, soberbio, superior en el anaquel de todas las librerías mientras que de la película ya nadie se acuerda.

Incluso las buenas adaptaciones como El vengador del futuro, Blade Runner, El señor de los anillos, o Cuenta conmigo no han logrado, no han querido, ni han podido hacer olvidable la obra de Philip K.Dick o de Stephen King, que siguen cosechando fanáticos y lectores alrededor del mundo.

¿Entonces? ¿Quién va a matar al libro? ¿Dónde están esas adaptaciones que, como amantes inolvidables, van a robarle el marido a la esposa anterior? ¿Será que el libro tiene una cualidad única, una originalidad intransferible imposible de replicar? ¿Que un cineasta, un dramaturgo, un autor de TV no tienen la misma sensibilidad que un escritor? Yo no creo.

Puedo nombrar así, apurada, al menos diez películas iguales de buenas que los libros. ¡O mejores! Tiburón , por ejemplo. El talentoso Mr. Ripley. Secreto en la montaña. La naranja mecánica. El Padrino. Apocalypse now. Sueños de libertad. Los puentes de Madison County. Lo que el viento se llevó. Rebecca, o cualquier adaptación de Hitchcock, que adoraba versionar libros malos.

Que el libro es mejor, más que una defensa o una prueba, es un caballito de batalla, una fórmula agotada para mostrar que quien la dice, además de la película ha leído la obra original. Y aunque muchas veces es cierta, también suele ser un atajo hacia la cultura express, un disfraz de intelectualoide para reuniones de amigos. ¡Prefiere el libro antes que la tele! ¡Qué culto, qué sensible, qué sofisticado es este muchacho!

Pero tenemos que ser sinceros. Al menos una vez. Al libro no lo está matando el cine. Ni Internet. Ni el teatro. Ni la televisión. Ni los e-books. Ni siquiera la piratería. Al libro lo está matando la gente que proclama que el libro es mejor cuando nunca leyó el libro. Los que se amparan en esa perogrullada, en ese paraguas enorme cobija-charlatanes, en esa frase hecha incuestionable que en el fondo, no dice nada. Así que ya basta con la muerte del libro, que al libro el mundo audiovisual no le ha hecho nada. Son ellos, los que acuñan esa frase idiota, los que están haciendo el trabajo sucio. Ahora mismo, sin ir más lejos, quizás haya uno aquí, agazapado y listo para reenviarle esta columna a un amigo cuando ni siquiera la terminó de leer.

29 oct 2009

Derrick de Kerckhove: "Internet todavía es un medio neutral

El sociólogo belga, discípulo de Marshall McLuhan, sostiene que la Web distribuye poder entre los ciudadanos y que "el pensamiento tiene cada vez más efecto sobre la realidad". "Vamos a estar online, incluso, rezando juntos", afirma.

Mientras camina hacia el restaurante porteño en el que hará la entrevista, a Derrick de Kerckhove se le acerca una joven estudiante de comunicación que acaba de llegar de Salta. "Yo soy la que le mandó el e-mail por el proyecto de tesis", le dice. De Kerckhove la mira atento. "El hipertexto como extensión de la mente", insiste ella. Y él, que reconoce la frase, invita a la joven a sumarse a la charla con Ñ. Sin dudas, sus ideas sobre el impacto de la tecnología en la cultura y en la percepción hacen escuela al igual que lo hizo su maestro, Marshall McLuhan, que prenunció estos encuentros fortuitos de "aldea global" hace casi 50 años. El tiempo pasa y este profesor de letras, especialista en medios y tecnología, se sigue llamando discípulo. "Continúo trabajando en la misma dirección que McLuhan, no voy a decir que entiendo todo, pero sus enseñanzas me guían en la investigación del impacto de los medios en el lenguaje", dice. Invitado por el INADI y la embajada de Canadá, recorrió el país dictando charlas sobre inclusión digital. Los nuevos procesos cognitivos, el papel de los medios y la red electrónica de comunicaciones como un sistema nervioso fueron algunos de los tópicos que usó para actualizar sus teorías. "El principio de la hipertextualidad permite tratar a la Red como la extensión de los contenidos de la mente", dijo para gusto de la estudiante salteña y dio pie al inicio de la entrevista.

(Para leer el artículo completo, se debe hacer click con el ratón o mouse, en el título).

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EB